martes, 31 de marzo de 2009

Shadowfell

El día tiene un aroma especial hoy. Es como si el viento trajera malas noticias del noreste.

Shadowfell es un viejo fuerte construido, sobre Nerat, para proteger un pasaje a un santuario oscuro a Orcus, el señor demonio de los muertos vivos. El fuerte cayó en manos de la oscuridad hace 80 años cuando su comandante, Sir Kighan, fue corrompido y comenzó a asesinar a todos los que vivían junto a él. Primero su esposa, luego sus hijos, sus amigos, allegados y luego los soldados. Para vencerlo, tuvieron que expulsarlo al pasaje que estaban cuidando. Finalmente, el desolado fuerte se convirtió en ruinas.

Hace algunas semanas, goblins han sido vistos en las ruinas de Shadowfell. No es común ver goblins merodear por una zona sin molestar a los lugareños o viajeros, por lo que sospechamos lo peor. Creemos que los goblins, comandados por Caralel, tienen la misión de abrir el pasaje, dejar que Orcus emerja de la profundidad. Douven cree que el espejo que tenía Algrid es necesario para abrir el portal.

Amanecimos en la posada de Rafton, en Winterhaven. Mañana partiremos, siguiendo los consejos que Douven le dio a Aldren.
“Una puerta se abre, y hay oscuridad del otro lado” escuché como un granjero comentaba a Aldren su sueño. Lo que no logro descifrar es por qué todos parecen nerviosos. ¿Habrán tenido el mismo sueño?

Antes de partir decidimos invertir el dinero que ganamos en nuestras ultimas aventuras para comprar unas espadas mágicas, para mi y para Saeros. Esperamos enfrentarnos a criaturas intangibles que solo pueden ser dañadas con magia.

Partimos. Debemos seguir el camino hasta que hay un desvío poco transitado. A medida que avanzamos por este nuevo camino, el mundo parece morirse lentamente. El aroma de la mañana es más intenso y hasta las hojas secas permanecen en silencio, de luto.
Un claro se abre ante nosotros y dentro las ruinas de lo que alguna vez fue un noble fuerte. Todo parece destruido, salvo unas escaleras descendientes que se asoman entre las piedras. Claramente alguien estuvo por aquí.
Descendemos hasta llegar a una cámara que da a otros pasillos. Hay un goblin medio dormido al que atacamos desde la distancia. El grito de dolor alerta a sus compañeros que vienen de inmediato. Aldren corre sin darme tiempo de advertirle de la trampa a la que estaba cayendo. El suelo se abre y debajo una multitud de ratas esperan, hambrientas, al paladín. Khorgan trata de rescatarlo mientras el resto nos encargamos de los goblins. De repente toda la habitación es iluminada por un fuego dorado que daña fuertemente a los goblins, otra de las artes de Windergard.

Comenzamos a recorrer la construcción. Entre habitaciones y bodegas, dimos con una puerta que, sin dudas, conduce a lo que estamos buscando. El olor a putrefacción ya es insoportable. Decidimos asegurar nuestra misión recorriendo toda la construcción antes de bajar por las escaleras que hay atravesando la puerta.
Unos goblins conversan del otro lado de una de las puertas de lo que resultó ser una sala de torturas, utilizada contra un pobre goblin artista que no quizo unirse a la guerra, que siente como propia la misión encomendada. Su nombre, como supimos luego, es Splug.
Khorgan es un buen guerrero, pero a veces quisiera que fuera un poco mas sensato. Mientras pensábamos cómo íbamos a entrar, el enano decidió abrir la puerta de golpe, sorprendiendo a los goblins y a mis compañeros. La habitación era gigante, había cuatro goblins y un hobgoblin verdugo. Fue una pelea dura, pero finalmente vencimos. El verdugo llevaba una armadura de cuero mágica que desde entonces me fue muy útil.
Splug nos cuenta de “El Gordo”, quien comanda a todos los goblins. “Siempre está en su habitación junto a una escolta. Luego, hay unos 15 goblins en total”. Aparentemente, los goblins están buscando un tesoro allí. “Conozco un pasadizo desde la excavación, que lleva directo a los aposentos de El Gordo. Puedo llevarlos.” “Es mi forma de agradecerles por salvarme la vida. Y con esto la deuda estará saldada”.
El pequeño artista nos lleva hasta la cámara donde los goblins trabajaban en la excavación. Luego de unos minutos de combate, el lugar está en silencio. Si bien estamos agotados, no podemos detenernos. El momento para atacar a El Gordo es ahora.
Una pared resulta ser una puerta luego de que Splug mueve la piedra correcta. Del otro lado del pasillo, la habitación de El Gordo. Podemos oír su voz, detrás de un grueso cortinado. Debemos ser cuidadosos, pienso. Me asomo sigilosamente y solo logro distinguir las sombras de El Gordo y quien seguramente sea su guardia personal. Tomo aire para salir de ahí a emboscarlos y Khorgan se comporta como Khorgan y estropea todo. Segundos más tarde, El Gordo huyó y decenas de goblins se acercan a atacarnos.
No me importan los goblins y menos después de ver lo que puede hacer Windergard cuando cometen el error de agruparse. Mi objetivo es El Gordo e iré a buscarlo como sea. Las cosas no salieron tan bien como esperaba y finalmente fui acorralado por varios goblins. Fue gracias a Saeros que logré ponerme en pie.
Me hubiera gustado hablar antes de que Windergard terminara con él. Estoy seguro de que El Gordo guardaba información valiosa para nuestra misión.

El Gordo tenía un cofre lleno de monedas. Tal vez cuando volvamos podamos comprar armas mágicas para el resto del equipo. “¿Qué hay en detrás de esa puerta?” “No lo sé, yo nunca bajo. Tengo mucho miedo y nunca bajo” respondió Splug.

Lo último que pensé esa noche fue en que por la mañana descenderíamos a través de la putrefacción. Pensé en Orcus, en los muertos vivos. Muertos vivos... ¿Acaso descenderíamos hacia la misma muerte y volveríamos más tarde?

Del otro lado de la puerta parece seguir la misma construcción, solo que plagada de ese hedor repugnante y ese silencio que solo los muertos pueden lograr. Atravesando una cámara, casi a ciegas, somos atacados por lo que parecen ser muertos de pié. Cuerpos de carne y hueso, imitaciones de hombres que solo tienen violencia en su interior.
Luego de esta habitación, nos encontramos con una llena de sarcófagos. Aldren insiste con que quiere acercarse a leer las inscripciones. Lo que Khorgan tiene de impaciente, Aldren lo tiene de curioso y obstinado.
Decidimos dejar los sarcófagos para mas tarde y seguir por otro de los caminos. Caminamos y un extraño símbolo en el suelo devela una trampa mágica. No todos pudimos saltarla. Y como si quisiera enseñarnos que somos un grupo, que si alguien cae, caemos todos, un grito aterrador se apodera de nuestros sentidos y comenzamos a huir, acorralados por el pánico. No veo los pasillos, ni las bifurcaciones, solo quiero irme de aquí. Y como si no fuera poca enseñanza la anterior, ahora nos dice que de nada sirve dejar las cosas para después, ya que nos encontramos junto a los sarcófagos nuevamente. Y junto a los esqueletos, despiertos, que descansaban en ellos.
Nuevamente Windergard reduce a la mayoría, dejando a los que realmente darían pelea. Aldren, en el suelo, trata de defenderse, pero está rodeado. Logramos bajarlos, no sin un poco de suerte. ¿Cuál es el punto débil de algo que no tiene cuerpo? Me pregunto si serán los antiguos soldados de Sir Kighan, corrompidos. Un rato más tarde, oigo un ruido desde el pasillo... Son más esqueletos que tratan de impedir nuestra misión.
Pasando los sarcófagos hay un resplandor, proveniente de una gran habitación. Dos altares en ella, que tiene cúpula iluminada mágicamente, con un dibujo de un dragón plateado. “Behemut” dice Aldren, y nos cuenta que ese dragón es la montura de Dol-arrah. Los altares tienen tallados muchos soldados rezando. Por un momento, siento algo de paz en este lugar.
Abrimos la única puerta que vemos y entramos en una bóveda. En lo alto, una tumba, con una escultura de un guerrero con una espada. La tumba se abre y un esqueleto se levanta, imponente. Es diferente a los otros que vimos. Esos parecían cuerpos animados, muertos en pie. Este daba la sensación de que era alguien que nunca había muerto y que su cuerpo se había desgastado por el paso del tiempo. Claro que no todos lo sentimos así y Aldren entra en frenezí. Y ni el hecho de que este esqueleto nos hable parece hacer cambiar su opinión.
Una larga discusión se desata entre el esqueleto y Aldren. El esqueleto habla con cierto honor y orgullo, levantando su espada, y Aldren no hace mas que sentirse insultado y devolver los insultos. Sir Kighan, o lo que ha quedado de él, exige una disculpa a Aldren quien decide atacarlo. Tratamos de detenerlo, tratamos de hacer entrar en razon al viejo paladin, pero de nada sirve, y Aldren cae bajo el filo de la espada.
Khorgan comienza a hablar, a explicar quienes somos, por qué estamos allí. Logra hacer entrar en razón a Sir Kighar, quien entiende que estamos aquí para cerrar el portal o asegurarnos que nunca se abrá, que nuestro objetivo es proteger Winterhaven y los alrededores, cumplir con la misma promesa que él haría hace casi un siglo. Y en ese momento nos cuenta de cómo fue corrompido, cómo asesinó a cada uno de sus seres amados, de sus amigos, de sus subordinados. Pero también nos cuenta lo que nadie conoce, que logró vencer a esa fuerza y decidió encerrarse y no morir para asegurarse que el portal estará siempre cerrado. Sir Kighar nos encuentra dignos de su confianza y nos da su espada, Aekis, que fue entregada por el mismísimo Rey Elidir, para que terminemos con la misión que el había comenzado, para que cumplamos su promesa. “Los huesos de Behemut los ayudarán, si lo necesitan”. Los huesos de Behemut son cinto estatuas del dragón, hechas de hueso, que encontramos escondidas en uno de los altares.

Aún no entendí bien qué sucedió con Aldren, por qué reaccionó así. Tampoco por qué acepto la espada luego. De todas formas, me tranquiliza un poco que haya entrado en razón, así haya sido por las malas.

Volvemos a donde estaba la trampa, pasamos y vemos que las trampas continúan. Es entonces cuando Windergard realiza un ritual que nos asegurara que nadie caiga en una nuevamente: un disco que flota a pocas pulgadas del suelo, que puede llevarnos de a uno. Al final, llegamos a una escalera que desciende.
“Amigos!!” un Splug aterrorizado nos llama desde lejos. Algo terrible debe haber sucedido para que decida bajar. Algo terrible debe haber sucedido para que que haya tanto terror en su voz. ¿Y si es una trampa? Seguro que es una trampa. Ya el miedo nos hizo correr, no caeremos de nuevo en eso. Aldren quiere ir a ayudarlo, le explicamos que es muy peligroso, que puede ser una trampa. Que no es nuestro amigo y que no podemos velar por su seguridad, que tenemos una misión y no podemos ponerla en riesgo. Parece entrar en razón, lo que me tranquiliza un poco, porque sino hubiera tenido que acompañarlo.
Bajamos por la escalera y nos encontramos con una reja, protegida mágicamente, que cierra el paso. No sabemos qué hacer. De repente, quedo paralizado: el grito de pánico nuevamente. Splug debe haber caído en la trampa que caímos horas antes. Decidimos ir a ver qué pasa y lo encontramos en la escalera, temblando.
Luego de unos minutos, se recompone y nos cuenta que Winderhaven está cerrada, que algo sucedió, que está en problemas, que tenía que avisarnos. Splug se va y nosotros nos quedamos sin saber qué hacer. Horas más tarde, decidimos regresar para ver qué sucedió.
Ya en el camino, nos encontramos con una escena terrible. Splug yace muerto, acatado hace pocas horas por quienes parecen ser unos goblins y un humano. ¿Será Cararel? No logramos rastrear al atacante, no sabemos si siguió rumbo a las ruinas o no.
Y en Winterhaven comprobamos lo que nos anticipó Splug: la ciudad está cerrada. Pero abre sus puertas a cinco aventureros que vienen con noticias desde el noreste.

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