Diario de Aldren, Paladín de Dol Arrah
Zor 12 de Nymm. Puerto de Sharn; Río Daga.
Ya ha pasado una semana desde aquella incursión en los ductos hacia las antiguas construcciones de la casa Cannith. El calor por estos días es intenso, y hace de mis caminatas hacia la iglesia de Dol Arrah un viaje agotador. Afortunadamente, para llegar hasta allí debo subir a las partes mas altas de Sharn, donde corre una brisa aliviadora.
Al mediodía me recibió la señora Lidia con la calidez que acostumbra. Se encontraban reunidos ya en la mesa Windergard, Saeros, Gharen y Khorgan. Debo confesar que mi alejamiento de las comunas de la iglesia no me ha resultado sencillo, pero hay algo en estas personas que, a pesar de nuestras diferencias, me hace sentir seguridad en mi camino. Esta tarde lo pude confirmar con el enorme gesto que han tenido conmigo cuando mas lo necesitaba.
Mientras almorzábamos en el Yunque Roto, entró a la posada una persona cuya presencia no esperaba y me dejó paralizado. Se trataba de Argol, Paladín de Onatar y miembro de
Cuando llegué entramos sin preámbulo al cuarto de cónclaves. Se encontraban allí reunidos Nalaus, también Paladín de la iglesia de Dol Arrah, y Marla, esposa de Douven Staul, mi tutor, a la que tuve el privilegio de conocer.
Los ánimos en ese cuarto no podían mas que anunciar una mala noticia. Así fue que me revelaron que el gran Douven Staul había partido en una búsqueda relacionada con la tumba de un dragón y, desde que fue por ese motivo a la ciudad de Winterhaven, hace más de una semana, no han vuelto a saber de él. La noticia me heló el alma y me mareé. Acepté de inmediato la petición de ayuda que me hicieron, siendo yo la persona mas cercana a Douven. Debía entonces ir a Winterhaven, por el Camino del Rey, y averiguar todo lo que sea posible sobre el paradero de mi maestro.
Me sentí a mi regreso muy aliviado al contar con la ayuda de mis cuatro compañeros, que me dieron su total e incondicional apoyo.
Partimos de Sharn a media tarde y nos dirigimos hacia la salida del norte. Nos encontrábamos todos inquietos sobre los posibles peligros que podría representar esta búsqueda, pero no dudé un instante. Dol Arrah estaba con nosotros esta tarde.
Luego de la larga y agotadora caminata, y ya caída la noche, llegamos al puerto. Debíamos pasar la noche y descansar, así que decidimos entrar en la única posada que avistamos en ese lugar, de nombre “
El clima adentro del salón era festivo pero muy desordenado. Había muchas bebidas y depravación en un lugar repleto de personas que nos recordaban con sus miradas que no correspondíamos. No fuimos bienvenidos, y encontramos problemas con un grupo que nos hostigó y nos incitó a pelear. Yo intenté por todos los medios de evitar la violencia y, afortunadamente, mis compañeros lograron escucharme para salir en calma hacia la calle. A ellos les costó tolerar la situación, en especial a Khorgan, quien vio en mi acción un gesto de debilidad, pero nuestra búsqueda era infinitamente superior.
A la salida, nos encontramos con un joven, de nombre Ben, que nos ofreció hospedaje en su humilde morada. Ben convive con su abuelo Aaron, un anciano muy amable y confiable que nos abrió sus puertas y nos ofreció comida.
Ahora, bajo el techo de Ben y Aaron, imploro a Dol Arrah por la vida de mi maestro. La angustia no me deja descansar, pero tengo fe en que todo saldrá bien y daremos con Douven. Doy gracias a estas grandiosas personas que me acompañan por todo lo que están haciendo.
Far 13 de Nymm. Winterhaven.
Partimos hacia el muelle de Sharn junto a Ben muy temprano, recien amanecido el día. El muelle estaba repleto de comerciantes, trabajadores, marineros, viajeros y demás gente. De no ser por la razón de nuestro paso por aquel lugar, el río daga me hubiera regalado una hermosa vista.
Tras bajar por una plataforma hacia la plaza principal del muelle, pedimos cruzar del otro lado del río al dueño de un barco de transporte, mediante una paga. Llegamos a la otra orilla en aproximadamente una hora y continuamos el viaje avanzando por el “Camino del Rey”. Este camino de tierra bordeaba el río daga hacia el norte y nos conducía con la ayuda de carteles hacia Winterhaven, evitando las formaciones boscosas.
El lugar era muy natural y contrastaba profundamente con la gran ciudad y sus inmensas construcciones de piedra. Mi hogar ahora es muy diferente al de mi madre, pero mi verdadero resguardo ciertamente lo encontré en Dol Arrah.
Mientras continuábamos camino a Winterhaven, una emboscada irrumpió nuestros pasos. Se trataba de unas criaturas humanoides con rasgos reptilianos que no pudimos reconocer. Sus armas de combate, sus investiduras y armaduras me hacen ahora pensar que se trataba de criaturas con algún tipo de inteligencia, pero la voracidad con la que nos atacaron esta tarde nos obligó a defendernos a punta de espada. Rodeados y cansados, logramos hacerles frente y, con Dol Arrah de nuestro lado, salir del combate sin mas que algunas heridas que pudimos tratar.
Todos lucharon con gran valentía, pero aún no deja de sorprenderme la facilidad de Windergard para manipular la magia arcana. Misterioso regalo de Aureon que merece todo mi respeto y su portador ha de llevar con sabiduría. Espero que así sea.
A media tarde llegamos a las murallas que protegían la ciudad de destino, Winterhaven. La ciudad tiene una fuerte defensa muy activa, con un gran portón de acceso y guardias armados custodiando la entrada. Una vez dentro de las murallas, vimos que la ciudad contiene muy pocas casas, bajas pero solemnes, con unos jardines frontales que anteceden cada entrada. La población aquí parece ser mayormente de campesinos y agricultores, lo que pudimos advertir al entrar a la posada del lugar.
Me llené de esperanzas cuando la posadera, de nombre Salvana Raftan, me comentó que Douven Staul se había hospedado en esta misma posada unos días atrás, durante poco menos de una semana. Nos habló también de un viejo granjero llamado Eilian que tuvo asuntos con Douven. Decidimos esperar al granjero, que según Salvana, viene todas las noches a la posada. En tanto, pedimos allí la misma habitación en la que había dormido mi maestro, por el que rezo constantemente.
Conocimos al viejo Eilian, entonces, esa misma noche. Se presentó como un historiador del lugar, que gusta de la lectura y el aprendizaje. Ciertamente es una persona muy amable y accesible. Con mis colegas lo cuestionamos sobre Douven y sus asuntos con él, también sobre la tumba del dragón que me mencionó Nalaus, y le comentamos sobre la desaparición de Douven, algo de lo que no estaba enterado y lo preocupó pues, nos dijo, había entablado con él una relación amistosa. Nos habló luego sobre un antiguo lugar de entierro al sureste de la ciudad, por el camino abandonado, al que relacionó con la búsqueda de Douven y nos recomendó hablar con Voltrun, conocido como el erudito del pueblo, que vive en una torre.
La conversación continuó y mas tarde entró a la posada una persona de edad no muy avanzada, flaco y vestido con una larga túnica. Eilian lo reconoció inmediatamente como Voltrum y nos lo presentó. Lo invité luego a tomar asiento y le conté sobre la situación, pero parecía desconocer y no pudo responder a nuestras inquietudes. El parece ser una persona sumamente reservada. De todos modos, hemos conseguido información muy valiosa aquí en Winterhaven. Tengo mucha fe en mi maestro y, ahora, en el día de mañana.
Sar 14 de Nymm. Winterhaven.
Este día fue realmente intenso y agotador, cargado de emociones. A la mañana, como habíamos acordado, partimos Windergard, Saeros, Gharen, Khorgan y yo, hacia el antiguo lugar de entierro que nos comentó Eilian, yendo por el camino abandonado. Este camino se veía muy descuidado; la vegetación estaba ya volviendo a ganar terreno sobre el sendero de tierra, casi desdibujado y que no presentaba huellas de civilización.
En el recorrido, a media mañana, encontramos graves problemas con un grupo de Kobolts que nos embistieron. Nuevamente tuvimos que desenvainar nuestras armas, pero sufrimos enormemente y casi no logramos sobrevivir. Me desesperé al ver como Gharen caía inconciente ante la extraña magia que manipulaba uno de ellos, pero Khorgan, aunque mal herido, con su enorme vigor y determinación logró quedar en pié para ganar terreno en la batalla y, entre todos, logramos derrotarlos y salir con vida.
Este lugar se encuentra rodeado de misteriosos peligros. No son de extrañar las enormes defensas que protegen Winterhaven.
Justo al mediodía llegamos a nuestro destino. Se encontraba ante nosotros un descampado con una enorme excavación. En su centro, se veían los huesos de una criatura que en vida debió ser enorme y majestuosa. Era, si, la tumba de un dragón. A los costados de los restos se encontraban en el lugar varios hombres con herramientas de excavación. Grandes reptiles atados parecían custodiarlos. Había también un Gnomo junto a ellos y un Halfling que se encontraba mas alejado del resto.
La conversación que siguió fue de gran tensión. El Gnomo, que parecía liderar la empresa, se presentó como Agrid. Preguntamos a distancia primero sobre Douven, a lo que Agrid respondió de forma evasiva y poco coherente. Estábamos todos sumamente alerta, con el mango del arma rozando la punta de los dedos. De ambos lados nos observábamos cada gesto, escuchábamos con atención cada palabra, con una desconfianza filosa. A medida que las preguntas se acumulaban sin respuestas, la tensión iba alcanzando su punto mas alto, y en el mas absoluto y frío de los silencios, Agrid lanzó un desesperado grito de batalla.
La pelea fue dura. Intenté mantener la posición en una actitud mayormente defensiva mientras Khorgan luchaba con gran ferocidad, pero nuestros enemigos nos superaban en número y atacaban de forma despiadada. Los enormes reptiles se habían lanzado salvajemente contra nosotros. En el medio y a nuestro lado, se encontraba Saeros, quien comandó nuestros movimientos de forma extraordinariamente astuta. Por otro lado, Gharen logró llegar ágilmente hasta donde se encontraba el Halfling que nos atacaba a distancia para combatir contra él cuerpo a cuerpo y Windergard pudo hacerle frente, con sus artes arcanas, al propio Agrid, que se había escabullido por detrás nuestro, hasta que fue derrotado.
Al finalizar la violenta convulsión de la pelea, maltrecho y agotado como me encontraba, me llené de una indescriptible paz y gratitud al ver el rostro con vida del propio Douven Staul. Saeros lo había ido a socorrer luego de avistar su cuerpo cubierto y atado. Mi maestro se encontraba aún conmocionado y sorprendido, entonces lo ayudé a recomponerse sobre mis manos sanadoras. Nos contó allí las causas de su desaparición. Aunque su relato fue perturbador, no pude contener la emoción que sentí al escuchar su voz.
Nombró primero a Carel, un sujeto que, interesado en un espejo con propiedades mágicas que desconozco, encomendó a Agrid su búsueda. Windergard ya había encontrado el misterioso objeto en el cuerpo, ya sin vida, del líder Gnomo. Nos encomendó luego, para mi asombro, viajar a Shadowfell, las ruinas de un fuerte que se encuentran al noroeste de Winterhaven y que cobijan una gran amenaza de fuerzas oscuras, algo tan alarmante como peligroso.
Ahora estamos de regreso en la ciudad amurallada. El Halfling, que nos atacó hace unas horas y continuaba con vida, ya fue entregado por nosotros a las autoridades pertinentes de esta ciudad. Haber aceptado la encomienda de Douven me llena de orgullo. No lo dudé, por él y por mi iglesia. Tengo a mi lado a un grupo de valientes y fieles compañeros. Por las más puras almas de Breland, no podemos permitir la cercanía a presencias corrompidas. No aquí.
Dol Arrah, tu divina contención cuidó de tus vasallos en todo momento. Nos diste fuerza y esperanza una vez mas. Rezo por ti y te agradezco, Dol Arrah, soberana del sol y del sacrificio, patrona de los paladines. Tu aura radiante ilumina nuestros pasos.
Aldren de Dol Arrah.
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